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Parce, nos metieron un gol...
¿Por qué la manteca de la abuela es más sana que el aceite de la botella?

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¡Qué más, familia! Hablemos sin pelos en la lengua de algo que nos han metido en la cabeza por años:

El miedo a la manteca de cerdo 😱

Sí, esa misma con la que la abuela hacía las arepas, los fríjoles y ese chicharrón que sabía a gloria.

Nos vendieron la idea de que esas botellas plásticas de aceite de girasol, canola o soya eran la cosa más saludable del mundo y que la pobre manteca era la culpable de todos los males del corazón.

Pues, póngale cuidado. A lo mejor nos metieron el gol del siglo.

 

El "coco" de las grasas: ¿De verdad la manteca es la mala del paseo?

Vamos a desmentir esto de una vez por todas. Por décadas, nos bombardearon con la idea de que la grasa saturada era veneno puro que nos iba a tapar las arterias. ¿Pero sabe qué? La ciencia de verdad, la que no está pagada por grandes industrias, ha demostrado que el cuento no era tan así.

Nuestro cuerpo necesita grasas de las buenas. Y la manteca de cerdo, ¡sorpresa!, está llena de ellas. Casi la mitad de su grasa es ácido oleico. ¿Le suena? Es la misma grasa saludable que le aplauden al aceite de oliva. Es una berraquera para el corazón y ayuda a controlar el colesterol.

El problema nunca fue la grasa con la que cocinaron nuestros abuelos; el problema fue que la cambiamos por productos ultraprocesados y llenos de azúcar.

 

El verdadero peligro al freír: Cuando su aceite "saludable" se vuelve tóxico

Aquí es donde la cosa se pone color de hormiga para los aceites vegetales.

Todos hemos visto ese humito que sale del sartén cuando el aceite se calienta demasiado. Pues, déjeme decirle algo: con los aceites de semilla (soya, canola, girasol, maíz), ese humo es una señal de peligro.

Estos aceites son muy inestables. Al calentarlos fuerte, como cuando uno va a fritar unas papitas o un patacón, sus moléculas se "desbaratan" y liberan compuestos tóxicos que sí son malísimos para el cuerpo y que se relacionan con la inflamación y un montón de enfermedades.

La manteca de cerdo, en cambio, es una campeona. Es una grasa estable, sólida y verraca que aguanta candela sin dañarse ni volverse tóxica. Por eso el chicharrón en manteca queda perfecto y no sabe a quemado. ¡La abuela sabía lo que hacía!

 

Entonces, ¿qué hacemos, mijo?

No le estoy diciendo que se vaya a comer un kilo de manteca al día. Como todo en la vida, es con moderación.

Pero sí le estoy diciendo que le pierda el miedo. Que la próxima vez que vaya a hacer el hogao, a sofreír la carne para los fríjoles o a fritar unas empanadas, piense dos veces antes de agarrar esa botella de plástico.

La conclusión es simple, parce:

  1. Para cocinar a altas temperaturas (freír, sofreír, sellar): La manteca de cerdo o de res es mil veces más segura y estable que la mayoría de aceites vegetales de botella.

  2. Los aceites de semilla (girasol, canola, soya): Mejor tenerlos lejos de la candela. Úselos con cuidado para ensaladas, si acaso.

  3. Confíe en lo natural: La manteca es un producto simple, de un solo ingrediente. Los otros aceites pasan por procesos industriales con químicos que ni le cuento.

Es hora de volver a la cocina de verdad, a la comida real que nos mantuvo sanos por generaciones. Deje de comerle cuento al marketing y empiece a cocinar con lógica y con sabor.

¿Usted qué opina? ¿Listo para devolverle el puesto a la manteca en su cocina?
¡Lo leo en los comentarios!

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